PRESENTACIÓN DEL BLOG

lunes, 27 de abril de 2026

Diario de La Peregrina (7) - Dudas, preguntas y respuestas..

Dudas, preguntas y respuestas

Estando ayer en una área, junto a otras autocaravanas, empezamos a hablar sobre las dudas y problemas que más se les plantean a sus dueños. Tengo que reconocer que soy bastante curiosona, y me gusta darle a la sin hueso mientras estoy aparcada y espero a que regresen Pepe y Clara, los Jubiletas Viajeros, de alguna de sus salidas. Y, ¿Sabéis qué? Pues que me llamó mucho la atención el gran  desconocimiento de ciertos temas por parte de quienes empiezan en este maravilloso mundo del caraváning. 

Dudas, incertidumbres, preguntas a las que cada uno da su versión... 

En pocas palabras, que la mayoría de gente, compra o alquila una autocaravana sin tener ni idea de la gran cantidad de temas y, sobre todo, de las herramientas (Apps) y su funcionamiento, que sin duda les harán el dia a día mucho más fácil.

Es por ello que me he puesto a pensar y se me ha ocurrido elaborar una guía con las aplicaciones más necesarias y su funcionamiento, paso a paso, para ayudaros a solucionar todos los dilemas que se os vayan presentando.

Al principio todo son dudas, está claro que nadie nace enseñado. Desde la diferencia entre aparcar, acampar o pernoctar y dónde está permitido hacerlo y sus restricciones, hasta dónde vaciar grises y negras y llenar de agua potable. O cómo diseñar un ruta de varios días con el Google Maps sin morir en el intento. A parte de muchas cosas más, como el buen funcionamiento y mantenimiento de mis diferentes componentes.

La mayoría de autocaravanistas conocéis el Park4night, Google Maps, Meteoblue, Wikiloc... Pero ¿Sabéis cómo sacarles el maximo provecho? ¿Os liais y no acabáis de comprender alguna ( o muchas) de sus funciones? ¿Os iría bien, que os descubriera y explicara sus secretos?


Estas son algunas de las Apps que
utilizan los Jubiletas Viajeros.

¿Hay alguna, de estas Apps, que os interese conocer en profundidad?

Podéis decidme qué os parece y lo que más os interesa en comentarios.

jueves, 23 de abril de 2026

Sant Jordi: el libro perfecto (sí existe)

El mejor libro

¿Os cuento un secreto? No creo en “el mejor libro”.

Pero en lo que sí creo es en el libro adecuado para el momento justo.

Y Sant Jordi es precisamente este momento justo, casi mágico, me atrevería a pensar.

Sant Jordi es este día que invita a pasear con calma y sin prisas, a mirar portadas casi por impulso, a comprar un libro pensando en alguien (o en uno mismo, que también vale). Porque, no nos engañemos: un libro no es solo un regalo bonito.

Es una apuesta. 

Un valor, un sentimiento, una inquietud.

Un libro es decir: “creo que esta historia es perfecta para ti”.

Y ahí está la magia. No en acertar siempre, sino en elegir con intención y a conciencia.

En este blog he hablado mucho de caminos, experiencias y lugares. Pero hoy el viaje es otro: es el que empieza al abrir un libro y te hace desconectar del mundo durante un rato, al tiempo que te permite descubrir personajes desconocidos y mundos imposibles.

Así que te dejo algunas ideas (o consejos) muy sencillos para un día tan señalado como es Sant Jordi:

👉 Regala un libro que te haya marcado o que de alguna manera haya influido en tu vida.

👉 O compra uno que te llame la atención  y te despierte curiosidad.

👉 O, mejor aún, haz ambas cosas.

No lo pienses demasiado, o se perderá la magia.

Porque muchas veces, los libros que más nos impactan, nos cambian y nos transforman… no los estábamos buscando.


Y si hoy estás buscando una historia para relajarte (o para regalar), puedes echar un vistazo a mis libros en Amazon. Están escritos precisamente con esa idea: acompañar, inspirar y hacer viajar, aunque sea sin moverse del sitio.

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CUENTOS A MEDIA TARDE Y VIAJE A PERÚ



¿Y tú?

¿Qué libro regalarías hoy sin dudarlo?

Te leo en comentarios 👇

lunes, 20 de abril de 2026

Diario de La Peregrina (6) - Google Maps, un GPS con muy mala leche.

 Problemas con el GPS

Abro debate: ¿GPS de Google Maps, u otro más específico para circular con la autocaravana?

Agradeceré vuestros comentarios, experiencias, aventuras y consejos.

Nosotros utilizamos Google Maps y a veces me da la sensación de que no encontraron a otra chica con más mala leche para este GPS. 

La llamaré 🤔🤔... ¡Leocadia! Los que sigan la serie "La Promesa" me entenderán...




"Leocadia" en acción!

Os cuento algunas pequeñas anécdotas e incidencias que nos han sucedido con "Leocadia", para que me entendáis mejor.

Como ya expliqué en su día, mi cuerpo es grandote y de formas generosas. Mis 3 metros de alto por 2'5 de ancho y los casi 7 de largo hacen que en su desmesurado afán por ganar un minuto de tiempo, nuestra amiga Leocadia nos mande recorrer calles, callejones y carreteras que ni siquiera figuran en los mapas. Muchas veces esto se traduce en dificultad extrema para cruzarnos con un simple coche, esquinas con giros imposibles o asfalto con grandes socavones, no muy recomendables para mi estructura y mi cuerpo.

Pepe, a pesar de sus buenas manos para conducirme, suele comentar que algún día nos vamos a quedar atrapados.

Y Clara, que es quién diseña las rutas, se desespera.

—¡Pero si ayer lo miré y comprobé mil veces! Y te aseguro que, en poco más de un kilómetro, deberíamos haber llegado a la carretera principal. No entiendo cómo hemos podido llegar hasta aquí...

Sinceramente creo que, la Leocadia de este GPS, tiene vida propia (y muy mala leche), y que todo lo hace por venganza. Si, para vengarse de las ocasiones en que Pepe y Clara deciden salirse de la ruta que ella les indica, para hacer alguna parada o para seguir por una calle más larga pero más apropiada. En estos casos, Clara le suele decir a Pepe:

—No le hagas caso al GPS. Tú sigue por aquí, o tira hacia allá...

Tiene que ser por eso... Leocadia es vengativa, y en cuanto tiene la ocasión, ¡Zas! ¡Siguiendo sus indicaciones por los Cerros de Úbeda!

Hay momentos en que, si pudiera, la desconectará de mi centralita.

Espero vuestros comentarios.

lunes, 13 de abril de 2026

Diario de La Peregrina (5) - Vivir sin horarios

La libertad de no depender del reloj.

Cómo te puedes imaginar, yo no estoy hecha para vivir pendiente de un reloj, ni de estrictos horarios. Soy una autocaravana, y el uso para el que me diseñaron es para el ocio. Por ello, mi estilo de vida es la libertad, sin obligaciones y sin horarios.

Ya os expliqué que mis primeros dueños eran franceses y que sólo me sacaban los fines de semana y en vacaciones. Y en aquella época sí, que me hicieron correr a toda velocidad.

Aquí os lo explico todo 👇👇👇

Confesiones de una autocaravana cansada de correr

Con Pepe y Clara se produjo un gran cambio en mi vida. Ellos tienen una idea muy diferente de este estilo de vida. Me han convertido en su hogar, y podemos estar meses y meses viviendo en libertad, sin pensar en tener que hacer tantos kilómetros para llegar a tal sitio a una hora determinada. Ellos no se fijan obligaciones. Sólo viven y disfrutan la vida.

En estos momentos, el único reloj que marca el ritmo y las horas en nuestra vida es Ron, el perro. Y os seguro que no falla. No se adelanta, ni se atrasa. A las 6 de la mañana se pone en pie, se sacude, y ya pide calle. Pepe siempre dice que de pequeño de tragó un despertador con la alarma puesta...

A parte de eso, la jornada de desarrolla sin prisas, sin estar pendientes de ese artefacto diabólico llamado reloj que, alguien que se aburría, inventó para martiritzar a los humanos. Si tienen hambre, comen. Si quieren conocer un pueblo, se van a dar una vuelta. Y si no quieren hacer nada... ¡Pues eso!  

Hay momentos en que no sabemos ni en qué día vivimos.

Viajamos sin preocuparnos tanto de cuando llegar, sino disfrutando de todo el camino.

Disfrutamos de todos los detalles y rincones del camino.

jueves, 9 de abril de 2026

VACACIONES EN AUTO CARAVANA

Una situación que le podría pasar a cualquiera...

¡Por fin han llegado las tan esperadas vacaciones! Y se me ha ocurrido que podría organizar una salida con mi mujer, en la auto caravana. Los dos solos, como cuando estábamos recién casados. 

En los últimos años nuestra relación parece haberse enfriado un poco. Ya se sabe, el trabajo, los hijos, los problemas… Es muy difícil encontrar tiempo para hablar y disfrutar de pequeños momentos de tranquilidad. Unos días para nosotros no nos vendrán nada mal. 

—Cariño, ¿nos vamos unos días de vacaciones en la auto caravana? Como cuando éramos jóvenes. Los chicos ya son mayores y se pueden apañar solos. Lo pasaremos bien...

—Ya había pensado en hacer alguna una salida. Pero vendrá mi madre.

—¿Tu madre? ¿Pero no se quedaba en casa de tu hermana hasta fin de mes?

—Sí, pero ya sabes que mi hermana no sale nunca de casa, y sé que a ella le hará gracia venir de vacaciones con nosotros. También se merece disfrutar un poco. ¿Recuerdas aquel pueblo donde estuvimos hace cuatro años, donde había aquel gran salto de agua? Le gustará mucho verlo. Es muy tranquilo y le sentará bien un poco de aire fresco. Podemos pasar allí unos días. Y con la auto caravana no tenemos que preocuparnos por el alojamiento.

—¿Tu madre en la auto caravana? Y ¿Por qué no buscamos un hotel o una pensión? Así ella podrá estar tranquila en una habitación, mucho más cómoda. (Desesperado intento por mi parte para conseguir unas noches a solas con mi mujer).

—Ni hablar. Se sentiría muy sola. ¿Y si necesitara algo a media noche? Ya lo tengo todo pensado. Iremos en la auto caravana. 

Los desafiantes ojos negros de mi mujer clavados en los míos me confirman que está todo dicho y que cualquier intento de cambiar su decisión es inútil.

Ya puedo olvidarme de estar a solas con ella, olvidarnos del mundo y dejarnos llevar por nuestros instintos…

Empezamos a hacer los preparativos.

Todo a punto. La auto caravana, mi mujer, su madre, el equipaje... ¡Dios Santo! ¿Qué son tantas maletas? ¡Si sólo vamos a estar un par de semanas!

—Bueno... Ya conoces a mi madre. Le gusta tener a mano todo aquello que pueda necesitar. No te preocupes. Ya lo organizo yo.

—No sé cómo vas a meter todo esto en la auto caravana. 

Bueno, me queda la esperanza de que no quepa su madre...

Pero, como por arte de magia, entre las dos consiguen meter todos los bultos  en el porta-maletas del vehículo. Los suyos, claro…

—Cielo, mi bicicleta plegable… ¿La has sacado tú del garage?

—Sí, claro. No pensarías irte por ahí con la bicicleta y dejarnos a las dos solas. ¿Y si hay una emergencia? No sé… mi madre se puede poner mala, o puede acercarse algún desaprensivo con vete tú a saber qué ideas… Tú tienes que estar con nosotras para protegernos. Así caben mejor las cosas de mi madre. Su silla, la mía y la mesa auxiliar. Nos hemos limitado a cargar sólo lo que vamos a necesitar.

“Sólo lo que vamos a necesitar...” Tres maletas de las más grandes de mi suegra junto un par de bolsas con el ventilador para los sofocos, secador para el pelo, plancha, dos grandes sillas plegables con la mesa auxiliar, y ya dejo de mirar para que no me dé un ataque. Otras tres maletas igual de grandes de mi mujer, y la bolsa de viaje chiquita para mí. Como yo me apaño con un par de pantalones y un par de camisetas... Muy bien equilibrado, sí señor. La bicicleta no, la cesta con los bártulos de pesca no, mi tumbona no...

Levanto el dedo índice en un intento de alegar que… Qué mas da, lo que intente alegar. De nuevo su desafiante mirada me hace desistir de llevarle la contraria.

A primera hora de la mañana iniciamos la marcha y a la media hora mi suegra tiene pis.

—Cielo, ya sabes que mi madre es muy mayor y tiene problemas de retención de orina.

¡Veinte paradas he tenido que hacer hasta llegar a destino!

Entre hacer pis, que tengo que parar la auto caravana para que no pierda el equilibrio y se caiga y ante la amenaza de hacérselo encima, la necesidad de estirar un poco las piernas, por sus varices, claro, que no le permiten estar mucho rato sentada en la misma posición, los miradores, iglesias y ruinas que no se pueden pasar por alto sin visitar y fotografiar, y otras muchas cosas, el viaje se ha hecho eterno.

Ya en destino, a medio día nos preparamos para comer. Supongo que unos bocadillos o algo preparado, no sé. Lo han organizado todo ellas. Pero veo que mi mujer empieza a sacar bolsas con verduras, patatas, carne, los cacharros de cocina y se dispone a cocinar.

—¿Cuántos seremos a comer? Pregunto irónicamente ante tan singular despliegue de preparativos.

—¡No seas insolente! Ya sabes que mi madre necesita comer bien. No le puedo preparar cualquier cosa y que le siente mal.

De nuevo prefiero callar. Al menor comentario mi mujer me saca los ojos…

No puedo negar que la comida ha estado muy bien. Y el trabajo que he tenido luego fregando platos, cacharros y más cacharros también. No sabía que hubiera tantos en la auto caravana...

—Tendrás que cooperar en algo ¿No? ¿No querrás que lo haga ella, con la artrosis que tiene? Yo ya he hecho bastante preparando la comida. Y no hagas mucho ruido que nos vamos a descansar.

Y mientras ellas duermen la siesta, yo a fregar. Porque claro, hay que hacerlo ahora mismo. Si se deja todo para lavarlo más tarde, los restos de comida se quedarán secos y pegados a los cacharros. Y pueden criar gérmenes y bacterias, y luego su madre podría enfermar...

Por la noche intento alojar a mi suegra en el sofá cama de la auto caravana. De este modo nosotros podremos tener un poco de intimidad en nuestra cama grande. Sigo empeñado en disfrutar de algún rato para nosotros solos. Aunque creo que va a ser muy difícil.

—¡De ningún modo! Mi madre y yo dormiremos en la cama grande. Ella necesita una cama cómoda y no querrás dormir tú con ella...

¡Ya sería lo último!

Por lo tanto, yo al sofá cama de la auto caravana. Y ellas dos a la cama grande.

¡Menuda nochecita! He perdido la cuenta de las veces que se ha levantado mi suegra a orinar. Por los problemas de retención, claro. Y no va a ir al lavabo a oscuras, para tropezar con algo y caer...

Y ¡Cómo ronca! ¡Parece una locomotora!

Como es de suponer, por la mañana yo no puedo ni abrir los ojos del sueño que tengo.

Y mi mujer y mi suegra, a primera hora, ya están en pie.

—¡Vamos a ver la salida del sol! Venga, acompáñanos, que las vacaciones son para disfrutarlas.

¿Disfrutarlas? Sí, claro...

Menos mal que, al tercer día, un desafortunado incidente nos ha hecho volver a casa. Una avería en la nevera. 

—¡Cielos! ¡Qué horror!

Mi mujer me mira con la nevera abierta y una bandeja de carne en la mano. Por su nariz arrugada y su mueca de asco, adivino en seguida cual es el problema.

—La nevera… no enfría.

—No te preocupes. Será un mal contacto…

Me paso una hora montando y desmontando piezas y no hay manera de que funcione.

—Cariño, creo que es una avería grave. Se ha perforado el circuito de refrigeración y por eso no enfría. Tendremos que regresar a casa y avisar a un técnico.

—¿No puedes arreglarla?— me pregunta con tristeza — ¡Con lo bien que lo estábamos pasando! 

La desilusión se refleja en su rostro y el de su madre.

—Qué pena. Lo estábamos pasando muy bien, los tres…

—Sí, es una pena. Pero no podemos estar sin la nevera. Con este calor la comida no aguanta ni unas horas sin que se estropee. Y ¿No querrás que tu madre coma algo en mal estado y se ponga enferma? Lo mejor es regresar a casa. Podemos volver otro año…

No puedo evitar sentir una punzada de culpabilidad al recordar lo fácil que me ha sido cortar un pequeño tubo del circuito de refrigeración con unos alicates e inutilizar la nevera.

Pero un gran alivio me invade por dentro.

Tendré que avisar a un técnico para que venga a reparar la nevera, pero cualquier cosa es preferible a dormir en el sofá cama de la auto caravana, sin mi mujer a mi lado, aguantar las noches de insomnio, levantarme a primera hora de la mañana con los ojos hinchados de no dormir y sólo para ver salir el sol y encima pasarme las tardes fregando cacharros y más cacharros…

Este y otros 35 relatos más forman parte de la colección de mi libro "CUENTOS A MEDIA TARDE"

Lo podéis encontrar aquí, en Amazon: 👇👇👇


CUENTOS A MEDIA TARDE






lunes, 6 de abril de 2026

Diario de la Peregrina (4) - Diferencia entre desplazarse y viajar.

 Autocaravanistas, caravanistas, campistas y viajeros en general, hoy os hago una pregunta: Cuándo programáis una ruta ¿Qué hacéis? ¿Os desplazáis  o viajáis?

¿Es lo mismo, no? —me contestará alguien. Peró no, no es lo mismo. La diferencia puede ser sutil, pero muy profunda.

Os cuento...

Desplazarse es ir de un sitio a otro, del punto A al punto B, llegar a un lugar predeterminado y ya, sin fíjate en lo que tienes a tu alrededor. Avanzas, devoras los kilómetros, pero no prestas atención a lo que tienes a tu alrededor.

Viajar es muy diferente. Viajar es observar el entorno e integrarte en él. És escuchar sus voces y sus sonidos, detenerte siempre que algo te llame la atención. Al viajar, recorres el camino permitiendo que él forme parte de tí, que te impregne. En un viaje cada paso tiene sentido, aunque no sepas hacia dónde te lleva. No sólo cambias de sitio, también cambias tú.

Al igual que en la vida, en una ruta tendrás días de todo: días de desplazamiento y de rutina, y días de calma, en los que no todo es llegar, sino que lo que necesitas es impregnarse de su esencia.

—¿Y tú, qué prefieres? ¿Desplazarte o viajar?

lunes, 30 de marzo de 2026

Diario de La Peregrina (3) - Una situación muy angustiosa. Apuros en una calle muy estrecha.

¿Seguro que pasamos, por esta calle?

A muchas de mis compañeras les ha sucedido alguna vez. Sus dueños empiezan a callejear por un pueblo y de pronto la calle empieza a estrecharse...

Aquel día, Clara tenía previsto que Pepe me dejara aparcada justo a la entrada del pueblo. Pero el párking estaba lleno.

—Espera, que busco otro parking. Tengo uno localizado al otro lado del pueblo— le comenta Clara, ya GPS en mano.

—No te preocupes —contesta Pepe, sin dejar de conducir— Callejearemos un poco y seguro que encontramos algún sitio.

Pepe me hace girar a la derecha, una calle ancha que desemboca en una placeta. Para seguir me veo obligada a girar a la izquierda, sin posibilidad de elegir. El ángulo de giro es un poco cerrado, pero Pepe, con gran habilidad, me hace entrar en esa calle.

De momento ningún problema, pero...

La calle empieza a estrecharse. Las aceras se hacen más estrechas hasta que desaparecen. Pepe aminora la marcha, por si sale alguien de una puerta. 

Esta calle me parece
bastante estrecha...

¡Madre del Amor Hermoso!
¡Que por aquí no pasooo!

Los retrovisores se acercan mucho a las paredes de ambos lados, hasta que acaban los dos raspándolas.

Clara no dice ni mu. Va agarrada a su asiento con las dos manos. La angustia que refleja su rostro es indescriptible.

40 metros más y llegamos al final de la calle, donde nos espera otro giro imposible, éste de 90°. Ésto es el fin. Por aquí seguro que no paso.

 Pero en un par de maniobras, Pepe consigue de nuevo que mi rechoncho cuerpo de deslice por aquella esquina y salimos a una gran plaza.

Mucha gente, veo en esta plaza... ¡Claro! ¡Hay una boda!

De la iglesia sale una pareja de novios y todos los invitados, a los que Pepe y Clara saludan con una sonrisa forzada y a los que intentan esquivar.

Por fin Pepe consigue aparcarme en un sitio adecuado.

—¿Ves como sí pasábamos? —le suelta Pepe.

Clara le mira, los dos estallan a reir y mi motor respira aliviado.

—Te aseguró que me asusté mucho —murmura Clara— Por un momento pude leer el titular de la prensa de mañana: "La Peregrina de los Jubiletas Viajeros se quedó encallada en una estrecha calle de un pequeño pueblo. Las tareas para desatascarla han sido largas y laboriosas..."

Aquella tarde Pepe se pasó un buen rato repintando los dos retrovisores...