Para muchos de nosotros, oír el nombre de Perú és evocar una gran cantidad de restos arqueológicos y lugares llenos de enigmas que se nos escapan a la razón. Machu Pichu, las Líneas de Nazca, Sacsayhuaman, Tiahuanaco... Son lugares que se conocen y se explican. Pero hay otros que se experimentan, que se sienten, como Marcahuasi.
A más de 4.000 m.s.n.m., a unos 70 km de Lima y en lo alto de una meseta de los Andes Centrales, se encuentra este lugar.
De nuevo nos enfrentamos a un conjunto de enormes monumentos megalíticos que no encajan con nada y cuyo origen ha dado lugar a plantear incómodas teorías. Rostros humanos con cascos y barbas, animales imposibles, perfiles que cambian según la perspectiva y la luz...
¿La explicación oficial? Que se trata de una casualidad geológica, un capricho de la naturaleza. Pero lo más inquietante de este lugar, no es lo que se ve. Es cómo y cuando se ve.
Éstos monumentos parecen representar rostros y perfiles que semejan diferentes etnias, razas o expresiones humanas. La figura más desconcertante de todo el conjunto es la que se conoce con el nombre de «Monumento a la Humanidad». Se trata de un colosal monolito que cambia según la luz que incida en él. Amanecer, atardecer, equinoccios y otros momentos astronómicos, hacen que se puedan identificar en él hasta catorce rostros o etnias diferentes. Pero eso no es todo. A éstas características hay que añadirles una serie de fenómenos que la ciencia oficial no puede explicar. Entre ellos, la simetría de algunas formas, la repetición de patrones y una serie de detalles muy difíciles de atribuir sólo al azar o a una casualidad geológica. O algunos relatos locales muy inquietantes: pastores que evitan a toda costa transitar por ciertas zonas al caer la noche; brújulas que al pasar por allí se comportan de forma anómala y que parecen volverse locas, o una turbadora sensación de vigilancia y de densos silencios.
Nada de todo eso es fácil de medir, pero sí de sentir.
Daniel Ruzo, junto con un prestigioso grupo de investigadores, lo descubrió en 1952 y lo estudió a lo largo de toda su vida. Gracias a estos estudios se llegó a la conclusión de que Marcahuasi pudo haber sido un centro ceremonial de una civilización muy anterior a los incas, destruida tal vez por algún cataclismo, y que las figuras no son naturales, sino que se habrían erosionado a partir de antiguas esculturas.
La ciencia oficial, la más académica, rechaza de plano estás teorías, aunque tampoco alcanza a aclarar ciertos fenómenos.
Marcahuasi es uno de estos sitios donde no se sabe si la explicación más racional está incompleta o si el lugar simplemente guarda memoria de un pasado que se pierde entre las brumas de los tiempos más remotos. Uno de los muchos lugares en los que se esconden misterios y enigmas de los que siempre queda algo que no acaba de encajar del todo.
Y Perú está lleno de estos lugares.
Como los que detallo en este libro:
VIAJE A PERÚ - Enigmas y Misterios de Antiguas Civilizaciones.
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