La noche llegó con lentitud y sin avisar, como suele hacerlo quien tiene algo que decir. La carretera se prolongaba frente a mí, sinuosa, oscura y silenciosa, apenas iluminada por el haz irregular de mis faros. No había tráfico, rodaba tranquila y en solitario. Tampoco había pueblos cercanos, ni señales que me advirtieran de su presencia, ni que fuera a lo lejos. Sólo podía percibir el silencio y la continuidad de las líneas blancas, que se sucedían a lo largo del negro asfalto.
Pepe conducía despacio, con mucha calma. Y no tanto por prudencia, que sí, que era necesaria, sino por respeto. Hay caminos que no admiten prisas, sólo demandan un poco de atención.
Fue entonces cuando lo sentí. No era un sonido concreto, ni una voz clara, sino una presencia, que me envolvía y que se manifestaba, en ningún sitio concreto y en todas partes a la vez. Era la carretera, que cansada de ser pisada sin ser mirada, se había decidido a hablar.
Cada curva murmuraba una frase incompleta, cada línea blanca un susurro antiguo, o un lamento. El asfalto crujía con el avance de mis ruedas como si recordara otras huellas, otros rastros, otros viajes, otras huidas.
Pensé en quienes habían pasado por allí antes que yo: los que iban hacia algo, los que escapaban de todo, los que simplemente seguían adelante porque no sabían hacer otra cosa. La carretera lo había visto todo. Yo, como ellos, solo estaba de paso.
Apagué la radio. No quería interferencias. El silencio pesaba, las sensaciones me envolvian, y enseguida entendí que el camino no era solo un medio para llegar, sino un lugar en sí mismo. Un espacio donde las preguntas encuentran sitio, aunque no siempre respuesta.
Cuando la noche empezó a clarear, la carretera volvió a callar. Como si ya hubiera dicho lo necesario. Seguí rodando por aquella carretera, sabiendo que no había llegado a ningún destino concreto, pero que algo se había movido en mi interior.
Desde entonces, cuando circulo de noche, escucho. Para estar preparada, para dejarme impregnar por esas sensaciones. Y agradezco a quien me conduzca que lo haga con calma, sin prisas... Por si alguna vez me vuelve a hablar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario